lunes, 22 de agosto de 2016

QUO VADIS, CIUDADANOS?

Estos días, desde que Ciudadanos aceptara negociar con el PP un acuerdo de investidura, he escuchado y leído aceradas críticas al partido de Albert Rivera, acusándolo de traicionar sus principios y de haber dilapidado su ya de por sí mermada credibilidad. Tales afirmaciones se sustentan en la hemeroteca, que hace mucho daño a los políticos, casi tanto como los micrófonos o los editoriales de determinados medios de comunicación. No en vano, la formación naranja ha experimentado un proceso que desde el pasado 26J, rectificación a rectificación, le ha llevado a transitar desde el no al sí con condiciones, pasando por la abstención en segunda vuelta y un breve periodo en el que se coqueteaba con el sí pero sin Mariano Rajoy. En última instancia, Ciudadanos ha llegado a un acuerdo con el PP tras aceptar éste un documento en el que se le "exigían" seis medidas "sine qua non" la posición inicial de votar no en primera votación de la investidura de don Mariano Rajoy y abstenerse en segunda se mantendría. No obstante, y ya antes de sentarse formalmente las delegaciones negociadoras para pactar el acuerdo de investidura - y digo "de investidura" por ahora, porque igual en un par de días es de Gobierno, ya veremos -, uno de los seis puntos inamovibles e inmodificables se ha rectificado, concretamente el que hacía referencia a un tal Luis Bárcenas, no sé si les suena este nombre. Este incesante cambio de postura lo ha intentado explicar don Albert Rivera, argumentando el interés de Estado, de manera que él - y su partido - ha decidido "tragar sapos" y culebras por el bien de todos los españoles a fin de que tengamos un Gobierno y dejemos de vivir en este inquietante vacío de poder.

Sin embargo, con todos los respetos, yo creo que Ciudadanos no ha traicionado sus principios sino que los está ejerciendo con rigor espartano. El partido, al margen de otras consideraciones sobre la fiabilidad de las declaraciones de sus líderes, se ha ubicado en un espacio central de la política española - lo que algunos snobs denominan "la centralidad del tablero" -, equidistante entre lo que entendemos por izquierda y derecha. Su vocación ha sido siempre servir de "bisagra" entre ambos espacios ideológicos, es decir, se ha reivindicado como elemento unificador o por lo menos de conexión entre ellos. Además, paralelamente, Ciudadanos se ha autoerigido en partido regenerador de la democracia española en incansable lucha contra la corrupción. Valga como ejemplo ilustrativo los pactos que el partido naranja ha alcanzado con el PP en la Comunidad de Madrid y con el PSOE en Andalucía. En este sentido, como digo, la función autoasumida por Ciudadanos condiciona, si no determina, su utilidad como muñidor de mayorías transversales, que es su digamos "leit motiv" y para ello es imprescindible tener margen de negociación, es decir, de ceder, de cambiar de opinión. Con todo, la formación naranja ha de tener en cuenta que en la política española, como dice mi amigo Bernardo, lo realmente importante no es cómo cada partido se defina sino cómo es percibido por el electorado. El electorado no acaba de entender, porque no es posible hacerlo en nuestro entorno, que un partido político haya transitado tan rápidamente desde una posición dada a otra antagónica sin solución de continuidad o, por lo menos, sin que la coyuntura haya variado drásticamente. Los votantes de Ciudadanos entenderían, sin problemas, que los líderes de su partido hubieran dejado claro desde el principio su vocación negociadora sin exclusiones ni líneas rojas pero parece que en su gran mayoría interpretan como una circunstancia negativa los continuos virajes del discurso de sus líderes. Da la impresión, y no sólo a su electorado sino al conjunto de la sociedad, de que Ciudadanos no otorga excesivo valor al compromiso electoral establecido antes,durante y después de la campaña; tampoco parece que la formación naranja tenga ninguna capacidad de influir en la negociación, imponiendo su programa o por lo menos forzando a la otra parte a ceder; en el fondo la imagen que está dando el partido que iba a regenerar el bipartidismo es la de un partido inconsistente cuyo andamiaje político es muy endeble y sus principios ideológicos inestables.

Al margen del discurso oficial de los líderes de Ciudadanos, que tratan de convencer a su electorado de lo indudablemente coherente de su estrategia política con sus principios y valores - que sin duda lo es -, lo indudablemente cierto es que la percepción ciudadana es justamente la contraria. El fracaso del partido de Albert Rivera, que camina inexorablemente hacia la autodestrucción y la irrelevancia institucional, como su antecesor, UPyD, se basa fundamentalmente, creo yo, en lo poco sólido de su compromiso con su propia esencia; es decir, me da la impresión de que Albert Rivera y los suyos no han sabido entenderse, no han conseguido ubicarse exitosamente en el lugar que había elegido ellos mismos como destino y, para colmo, han terminado por dar una imagen deplorable. En definitiva, y si nadie lo remedia, la formación naranja pasará a la Historia en la siguiente cita electoral, víctima de sus propias contradicciones. No seré yo quien lo llore, eso también debe quedar claro.

jueves, 7 de julio de 2016

EL PSOE EN EL FILO DE LA NAVAJA

Parecía que con la conjuración del temible Sorpasso de Podemos, el PSOE había recuperado parte del aliento que le habían robado los por otra parte exitosos sondeos demoscópicos con los que babeaban en La Sexta días antes del 26J. Daba la impresión de que el PSOE, una vez salvado este match-ball, iniciaba la senda de la recuperación tanto electoral como ideológica. Y, tras el batacazo de Susana Díaz en Andalucía, era de esperar que Pedro Sánchez reafirmase su liderazgo en el partido de cara al próximo congreso. Pero, la endiablada aritmética parlamentaria en el Congreso de Los Diputados surgido de la repetición de las elecciones del pasado 20D ha complicado notablemente todos estos procesos y los socialistas afrontan ahora una situación harto complicada cuyo desenlace barrunta ruina. De hecho, todo parece indicar que sea cual sea la decisión que tome el partido, tanto si media pregunta a la militancia como si no, va a suponerle un alto coste que según vayan desarrollándose los acontecimientos puede desembocar en si no su desaparición sí su condena a la irrelevancia. La cuestión fundamental es que por "h" o por "b", los 85 diputados del PSOE vuelven a ser los responsables de que haya o no Gobierno, de cuál sea su composición y cuál su orientación ideológica.

De entre todas las opciones posibles la que en mi opinión es la peor es la denominada "abstención mínima", que consistiría en la ausencia durante la segunda sesión de investidura de unos 12 diputados del PSOE a fin de garantizar que hubiese más "síes" que "noes". Es la peor por tres razones: una, que deja al PSOE como un partido de marrulleros y trileros cuya credibilidad iba a quedar por los suelos ahora y para el futuro; dos, que dejaría un Gobierno en minoría cuya duración no se extendería más allá de media legislatura siendo generoso, lo que obligaría a celebrar - es un decir - nuevas elecciones en las que el PSOE iba a sufrir un severo varapalo, mucho mayor de los encajados hasta el momento; y tres, porque Podemos le iba a reprochar a los socialistas en cada intervención que con sus votos estaría gobernando la derecha de los recortes y la precariedad laboral, lo que esta vez sí provocaría el tan temido Sorpasso podemita. Una derivada de esto es que tanto si la abstención es mínima como total, el resultado es similar para el PSOE, toda vez que por una parte iba a traicionar su promesa de no apoyar ni por activa ni por pasiva un Gobierno del PP; por otra, iba a quedar seriamente tocada la tesis de que es alternativa de Gobierno; y, por otra, iba a ceder el liderazgo de la izquierda a Podemos, no sé si de manera irreversible.

La opción de mantener no apoyar, ni con el sí ni con la abstención, a un Gobierno de Mariano Rajoy y del PP es, casi con toda probabilidad, la antesala de unas nuevas Elecciones Generales. La "re-repetición" de elecciones provocaría probablemente un desplome sobresaliente de la participación del electorado y en consecuencia un hundimiento de los partidos de izquierdas, mucho más sensibles a la abstención, lo que podría propiciar una mayoría suficiente de las derechas. Yo creo que en este caso, la ciudadanía castigaría duramente al PSOE porque le harían responsable de la situación, tal y como ya hizo el pasado 26 de junio. Esta situación podría evitarse sólo si el PSOE fuera capaz de poner de acuerdo a Ciudadanos y Podemos para formar Gobierno, opción tan peregrina como fantástica cuya probabilidad es prácticamente nula, salvo que alguien mienta. En todo caso, creo que sólo con esta carambola el PSOE podría salvar los muebles. Si Pedro Sánchez consiguiera formar un "Gobierno del Cambio", sin precisar a priori el sentido de ese cambio, estoy convencido de que el partido recuperaría el aliento y podría rentabilizar con relativa facilidad la labor de Gobierno, mucho más que sus dos hipotéticos socios; además, es posible que la ciudadanía pudiera ver revertidas algunas de las políticas más regresivas del anterior Ejecutivo. Lo que ocurre es que, tal como se demostró en las Generales de 2015, Ciudadanos y Podemos no parecen estar por la labor ya que ambos han asegurado que no apoyarán un Gobierno en el que esté su rival. Con todo, el revés sufrido por Podemos en las pasadas elecciones podría hacer cambiar de opinión a los de Pablo Iglesias si piensan que en unos nuevos comicios la tendencia se mantendría a la baja. Es una posibilidad  remota pero factible.

Como posiblidad se debe contemplar, pese a lo manifiestamente irrealizable de la propuesta porque pese a que se insista en ella retorciendo los números como si fueran chicle no salen las cuentas, la de que fuera posible articular una alternativa de izquierdas en el Congreso que fuera capaz de generar la mayoría suficiente para formar Gobierno. El PSOE y Unidos Podemos suman 156 escaños, situándose a 20 de la mayoría necesaria y a 13 de los 169 que suman PP y Ciudadanos. En consecuencia, como mínimo necesitaría 14 síes y 6 abstenciones. Si consideramos a ERC y EH Bildu de izquierdas, teniendo en cuenta que entre ambos suman 11 escaños, 9 de los catalanes y 2 de los vascos, todavía faltarían 3 síes y las 6 abstenciones, que ya no estarían en la izquierda sino en las derechas nacionalistas y regionalistas de Catalunya, Euskadi y Canarias. Sinceramente, podríamos hablar de muchas combinaciones pero a ninguna de ellas le ajustaría la definición de "alternativa de izquierdas", salvo que se considere izquierda al PNV, a CDC o a CC, que no sé si para ello sería necesario tomar algún producto alucinógeno o ser profundamente idiota, elijan ustedes.

Ya sólo queda la posibilidad de una Gran Coalición entre PP y PSOE en la que ejerza como bisagra el partido de Albert Rivera, Ciudadanos. Es evidente que la formación naranja es innecesaria a efectos de configurar la mayoría parlamentaria necesaria porque sus escaños no son determinantes, pero su presencia en un Ejecutivo de coalición sería imprescindible tanto para PP como para PSOE porque serviría como gozne que articulase la Gran Coalición y al mismo tiempo suavizara su impacto sobre el electorado. Al PP le vendría bien la presencia de Ciudadanos en el Gobierno porque permitiría articular politicas afines ya que con ellos se podría formar una mayoría en el Consejo de Ministros que minimizara la influencia del PSOE; y al Partido Socialista le vendría bien por el mismo motivo pero llevado a su terreno, es decir, que Ciudadanos sólo estaría en esa coalición si fuera posible introducir cambios en el modelo social, jurídico y económico vigente, tal y como ha señalado Albert Rivera en múltiples ocasiones, lo que permitiría a los socialistas introducir políticas progresistas y si no derogar sí modificar las leyes más regresivas impuestas por el anterior Gobierno. En definitiva, en la Gran Coalición, el PSOE podría intentar, y digo "intentar", rentabilizar su labor de Gobierno si consigue ocupar los ministerios más sociales y la Vicepresidencia, dejando a Ciudadanos la responsabilidad de introducir cambios en los ministerios económicos. Evidentemente, al PP le vendría bien esta opción en tanto en cuanto gobernaría durante toda la legislatura ya que esta fórmula dota de gran estabilidad al Gobierno. Sin embargo, experiencias en otras latitudes dan como resultado que las fuerzas minoritarias en Gran Coalición sufren un duro desgaste electoral, como ha ocurrido en Alemania, sin ir más lejos.

En definitiva, para mí sólo hay dos opciones posibles: una, un Gobierno del PSOE con Podemos y Ciudadanos; dos, la Gran Coalición PP-PSOE con Ciudadanos como bisagra entre ambos. Que sean posibles no quiere decir, ni por asomo, que sean positivas sino las menos perjudiciales, al menos desde mi punto de vista. No obstante, no seré yo quien dé lecciones de nada a nadie, que ya son ustedes mayorcitos. Veremos qué pasa, pero espero que la dirección del PSOE haga oídos sordos a los cantos de sirenas, o mejor dicho "sirenos", que van contaminando el ambiente con su ponzoña de carcunda en proceso de descomposición. Seamos serios y responsables, por favor.

sábado, 2 de julio de 2016

LAS CAUSAS DEL TORTASSO

Tras las Elecciones Generales del pasado 26 de junio, la formación cuyas expectativas sufrieron un mayor contraste con la realidad empírica, Unidos Podemos, se ha puesto a pensar para ver si averiguan qué pudo fallar. Sea como fuere, la cosa es grave porque en el camino se ha "perdido" más de un millón de los votos que sumaron Podemos y sus confluencias por un lado e IU por el otro el pasado 20 de diciembre. Hay que tener en cuenta para no distorsionar el análisis y centrar el debate que la discrepancia entre las expectativas y la realidad se sustancia en más de un millón de votos y más de 20 escaños, lo que da una idea de la magnitud de la catástrofe. Dentro del análisis, tal vez como pieza accesoria o tal vez como elemento nuclear, yo al menos no lo sé, la dirección de la coalición ha enviado a su militancia una batería de posibles causas del "Tortasso" entre las que se encuentran: la alianza con IU; las negociaciones para la pasada investidura; el derecho a decidir; el discurso socialdemócrata; la mano tendida al PSOE; el Brexit; o los ayuntamientos "del cambio" y otras. Sin embargo, dentro de la cúpula de la coalición hay voces discordantes (Íñigo Errejón y Sergio Pascual, entre otros) que ponen el acento en un factor, la coalición misma, señalando que ésta es la principal causa del Tortasso. Por el contrario, Pablo Iglesias y Alberto Garzón afirman que la causa principal es la campaña del miedo que orquestó el PP y que logró desmovilizar a muchos votantes. Y, finalmente, Juan Carlos Monedero, que va por libre, piensa que la culpa la tiene el viraje socialdemócrata del discurso y, derivada de ella, la estrategia de campaña marcada en su opinión por el infantilismo de creerse las encuestas. Pero yo tengo otra opinión.

Tiene razón Pablo Manuel Iglesias cuando apunta a la abstención como causa fundamental del "Tortasso" electoral de Unidos Podemos, pero no por las razones que señala. Es cierto que buena parte del electorado que el pasado 20 de diciembre apoyó a Podemos e IU por separado no acudió en esta ocasión a votar a la coalición de ambos. Pero no es cierto, o al menos eso creo yo, que lo hiciera como resultado del éxito de la campaña del miedo orquestada por el PP, a la que los expertos politólogos atribuían efectos positivos para Unidos Podemos. Parecía lógico pensar que la polarización impulsada por el PP para fomentar el voto útil y de esta manera neutralizar a Ciudadanos produciría efectos similares en el otro polo, el de la izquierda, fundamentalmente favorables a Unidos Podemos. El resultado final ha desmentido esta hipótesis. Tampoco parece que la coalición con IU, per se haya sido la causa dela pérdida de apoyos, porque aunque ya no podremos saber nunca qué hubiera pasado de presentarse por separado, todo parece indicar que los resultados no hubieran sido muy distintos de los obtenidos en coalición. Podemos mostraba ya antes de la coalición una clara tendencia descendente mientras IU estaba sin duda en fase de crecimiento. Así las cosas y si tengo razón, la causa fundamental de la pérdida, de la debacle electoral de Unidos Podemos, está en la redefinición ideológica de su propuesta política, que pasó de la transversalidad a la izquierda del PSOE justo en el momento en que se inició la campaña. Esto, en mi opinión, causó la pérdida de los votantes cuya adscripción ideológica se sitúa en lo que entendemos como "centro-izquierda" pero también los de quienes se sitúan en el extremo izquierdo del continuo ideológico. Entre ambos suman ese millón largo de votos "lost in translation". Por una parte, hay que tener en cuenta que buena parte del electorado de centro-izquierda que tenía pensado votar a Podemos son antiguos votantes del PSOE y que estos votantes tradicionalmente han sido muy refractarios a propuestas políticas más a la izquierda, fundamentalmente a las de IU. Por otra parte, también conviene considerar que una parte del electorado tradicional de IU, cuya dimensión se me escapa, por razones ideológicas es altamente refractaria a la socialdemocracia. Se puede comprobar, analizando los resultados electorales con cierto detenmiento, que aquellas circunscripciones electorales en las que el pasado 20D IU obtuvo sus mejores resultados son las que arrojan mayor pérdida de votos para Unidos Podemos. Tambén conviene tener en cuenta que el electorado de Podemos que el 26J no votó a Unidos Podemos y que en su mayor parte votaba antes al PSOE no ha vuelto a votarlo sino que se ha ido a la abstención. De hecho, el PSOE no sólo no ha recuperado a su electorado sino que ha seguido perdiendo apoyos, aunque es cierto que en esta ocasión esa pérdida es prácticamente insignificante.

El abandono temprano de la tesis del eje arriba-abajo, el regreso al viejo eje izquierda-derecha, el abandono de la teoría de la transversalidad ideológica y la apuesta de Pablo Manuel Iglesias por la socialdemocracia, son los factores que en mi opinión explican "El Tortasso" de Unidos Podemos. No obstante, todo parece indicar que el revés puede ser circunstancial y fácilmente salvable en un futuro próximo dado que el PSOE no ha rentabilizado la defección podemita ni la comunista, lo que parece indicar que el electorado de Unidos Podemos sigue estando ahí, esperando mejor coyuntura. Harían mal en Podemos si rechazaran sin más la coalición con IU, pero esa decisión a mí no me compete, es cosa suya.

jueves, 30 de junio de 2016

POR UN GOBIERNO DE COALICIÓN PP-PSOE-CIUDADANOS

Vaya por delante, y que quede claro, que yo era - y sigo siéndolo - partidario de un Gobierno de coalición de izquierdas. Me hubiera gustado que el 20 de diciembre de 2015 las fuerzas de izquierdas (PSOE-Podemos-IU) sumaran 176 escaños o más pero no pudo ser; también me hubiera gustado que el 26 de junio de 2016 las fuerzas de izquierdas, PSOE y Unidos Podemos sumaran mayoría absoluta, pero tampoco pudo ser. La ciudadanía española, o mejor dicho el electorado, ha decidido dar mayoritariamente su confianza al PP pero no lo suficiente como para que gobierne en solitario y necesite negociar con otros partidos para poder formar Gobierno. Es cierto que hay una vía por la derecha que suma lo suficiente: PP+C's+PNV+CC, que juntan 175 escaños y el diputado de Nueva Canarias, que está en el grupo del PSOE porque va en coalición con ese partido en su circunscripción electoral pero que luego se integra en el grupo mixto. Pero en esa ecuación, el PNV y Ciudadanos son difícilmente compatibles, por lo que parece si no poco probable sí muy difícil cuadrarla. Otra opción sería un Gobierno en minoría del PP, contando en la sesión de investidura con la abstención del PSOE y Ciudadanos, pero no parece que esta opción tenga mucho recorrido ya que la gobernabilidad estaría seriamente comprometida. La mejor opción para tener Gobierno es uno de coalición, para una legislatura completa, entre el PP, el PSOE y Ciudadanos, porque sería muy estable y permitiría gobernar cómodamente desde el primer día.

La situación en la que se encuentra el PSOE es muy complicada pero en cualquier caso es la pieza fundamental, le pese a quien le pese, para que haya un Gobierno estable en España. De hecho, como puede comprobarse fácilmente, si el PSOE decide irse a la oposición y votar NO a cualquier propuesta de Gobierno, tendremos que acudir por tercera vez a las urnas. En este sentido, cualquier decisión política que tome este partido le va a suponer un coste electoral considerable que tendrá que minimizar utilizando mucha pedagogía política. Ya ha tenido noticias de lo que ocurre cuando imposibilita formar el Gobierno de coalición que propongo y que pudo favorecer en la pasada legislatura. Si el PSOE decidiera apoyar un Gobierno en minoría del PP cuyo recorrido, insisto, sería muy corto, es decir, no más de dos años, bien absteniéndose todo el grupo parlamentario o bien una parte de él (en realidad esto va a dar lo mismo a todos los efectos) y luego pasa a la oposición, Podemos va a hacerle muy dura la legislatura. De hecho sería absurdo que Podemos no aprovechara la ocasión para darle la puntilla, el descabello y el finiquito al PSOE. Sin embargo, si el PSOE entra en un Gobierno de coalición con PP y Ciudadanos, podría negociar asumir la vicepresidencia primera y los ministerios más sociales: educación, sanidad, servicios sociales, seguridad social, etcétera, pudiendo rentabilizar políticamente la situación a través de una buena gestión en esos ámbitos. Eso sí, inevitablemente precisaría que Ciudadanos tuviera algo que decir en el terreno económico o de Hacienda, para minimizar que se asocie al PSOE con las políticas neoliberales del PP, aunque esto creo que en todo caso sería salvable de cara al electorado porque económicamente PSOE y PP no están realmente tan lejos como puede parecer a priori. Una consecuencia nada desdeñable de esta opción es que el PSOE entregaría el liderazgo de la oposición a Podemos, que debería además aprovechar la coyuntura para intentar conseguir la hegemonía en la izquierda. Evidentemente esta posibilidad debe contemplarla el PSOE y tratar de contrarrestarla mediante la gestión de esos ministerios sociales que pueden marcar, si se hace bien, la diferencia entre el desastre y el éxito. Otra cuestión a tratar con carácter previo a que se sustancie dicho Gobierno de coalición es la comunicativa, cosa que por el momento está haciendo bastante bien el PSOE porque, Pedro Sánchez no se ha pronunciado, algunos "barones" se expresan en un sentido y otros en el contrario, y todo ello da al electorado la sensación de que en el seno del partido se están barajando todas las opciones, es decir, se han levantado las líneas rojas.

Que el PSOE participe en un Gobierno de Gran Coalición tiene muchos riesgos y más cuando ya conocemos qué efectos ha tenido en los partidos socialistas de otros países, entre los que destaca por razones obvias el caso alemán. No obstante, la aritmética parlamentaria, siempre que se anteponga el interés general al particular, sólo así permite estabilidad política en la siguiente legislatura. Además, el PSOE podría negociar con el PP y Ciudadanos un reparto de ministerios que le permitiera rentabilizar de alguna manera la Gran Coalición. Y, pese a que Podemos debería aprovechar para tratar de conseguir la hegemonía de la izquierda en España, sustituyendo al PSOE, esta opción tampoco está exenta de problemas para la formación morada, cuya sangría de votos en las pasadas elecciones generales (perdió más de un millón de votos) puede explicarse parcialmente por precisamente haber transitado de la indefinición ideológica a la izquierda del PSOE al asociarse con IU.

lunes, 27 de junio de 2016

ELECCIONES DEMOSCÓPICAS O EL DÍA DE LA MARMOTA

Esta mañana, de camino al trabajo, esperaba encontrarme la calle llena de expertos politólogos desayunando encuestas. Todas esas encuestas que días atrás pronosticaban el “sorpasso” anguitiano de Podemos al PSOE, tanto en votos como en escaños. Sin embargo, los gurús demoscópicos han preferido iniciar a finales de junio la hibernación y no asoman hoy el hocico. Y motivos no les sobran porque, visto lo visto, alguien podría tener la tentación, así de primeras, de partírselo a guantazos. Porque, si hemos de señalar a alguien como clara perdedora de estas elecciones repetidas, nunca mejor dicho, es a la demoscopia. Mención especial merecen, por méritos propios, el CIS y al alimón la FORTA y la COPE; el uno por sus excelentes encuestas preelectorales y la otra por su espectacular encuesta “a pie de urna”. Una cosa es no ser una ciencia exacta y otra, muy distinta, un adivinador de feria ambulante. Se lo deberían hacer mirar.

La principal víctima de la demoscopia hispánica ha sido la formación liderada por Pablo Manuel Iglesias Turrión, Podemos, que se presentaba junto a otros partidos en la coalición “Unidos Podemos”. Iglesias, que se veía ya Presidente del Gobierno apoyado por Pedro Sánchez, que asumiría la Vicepresidencia (no sabemos si con el control del CNI, la Policía Nacional, el Ejército y el ente RTVE), ha tenido que ver cómo su formación sólo ha ganado las encuestas porque en la realidad el "Sorpasso" se ha transformado en "Tortasso". La suma que resta con los jirones del comunismo hispánico, otrora glorioso y ora patético, ha conservado la suma de escaños pero se ha dejado por el camino más de un millón de votos. El PSOE, su principal enemigo, pese a la pose televisiva del líder coletudo y la pandi de la Compu, ha resistido a las encuestas, apenas pierde votos aunque mejora en porcentaje debido a la abstención y ve aliviado como se descalabra el podemerío, pero no está la cosa para echar cohetes, porque el batacazo electoral en escaños ha sido considerable. La socialdemocracia hispánica sigue su peligrosa trayectoria descendente hacia la irrelevancia desde que en 2011 Zapatero le diera la puntilla. Sin embargo, pese a todo, Pedro Sánchez debe de estar eufórico porque ha salvado dos sorpassos: uno, el de Podemos; y dos, el de Susana Díaz, que se ha dado un “hostión” de alivio en Andalucía, territorio de la que se creía poco menos que Virreina y que ha perdido a manos del PP. De Ciudadanos poco más se puede esperar, certificada ya su prematura defunción, fundamentalmente por dos causas: una, su indefinición ideológica, que irrita al electorado; y dos, porque no puede ser alternativa aspirando a ser muleta. La gente prefiere un mal original a una buena copia.

El PP de don Mariano Rajoy merece un aparte. Es cierto que en el contexto actual sus resultados son espectaculares: ha conseguido sobrevivir a la extinción del bipartidismo; ha mejorado sus números respecto a las pasadas elecciones generales de 2015; la corrupción que agosta sus filas no merma sus apoyos electorales sino más bien todo lo contrario (otro día hablaremos de esto); y recupera bastiones territoriales que había perdido a manos de Podemos y sus confluencias. Pero no es menos cierto que la endiablada matemática parlamentaria no le deja otro camino si quiere el Gobierno que llegar a un acuerdo con el PSOE y eventualmente, por apuntalar más la mayoría en el Congreso y no ceder el liderazgo de la derecha, con Ciudadanos. Tal vez por eso, el discurso de don Mariano en la noche electoral empezó con la enigmática frase: “Éste es el discurso más difícil de mi vida, y eso que ya he echado algunos bastante difíciles”. Es evidente que, al menos en ese momento, Rajoy estaba preparado para hacer un último servicio a España, dimitiendo para permitir un Gobierno de Gran Coalición. Veremos lo que ocurre de ahora en adelante, pero ciertamente esa es la única opción viable si no queremos volver a repetir elecciones.


El resultado final de todo este proceso es que volvemos a estar en la misma situación que el pasado 20 de diciembre de 2015. El PP ha ganado las elecciones pero sólo puede formar Gobierno con el PSOE, que no quiere pactar con el PP; la izquierda no suma escaños suficientes para formar Gobierno con el pacto PSOE-Podemos, pese a la literatura fantástica que difundirá Podemos entre el talibanado; y la única alternativa a la Gran Coalición pasa, de nuevo, por la delirante propuesta de Pedro Sánchez de juntar a Podemos y Ciudadanos. Así las cosas, o Gran Coalición, sin Mariano Rajoy – que, como ya he dicho, creo que se va – o nuevas elecciones. Yo dejaría de llamarlas Elecciones Generales y las denominaría “Elecciones Demoscópicas” o “El Día de La Marmota”. Ustedes deciden.

martes, 14 de junio de 2016

DEBATE PARA BESUGOS

Dice el refranero hispánico que: "a palabras necias, oídos sordos" y a fe que seguimos este proverbio a pies juntillas, como si en ello nos fuera la misma existencia, tal es nuestro trastorno. Es por ello que, contra toda evidencia empírica, el debate, por llamarlo de alguna manera, que mantuvieron ayer los cuatro líderes de los partidos con posibilidades de gobernar, siendo como fue un "debate para besugos", lo ganó la semana pasada don Pablo Iglesias. Y, en el ránking de máximos pelotas, talibanes entregados a la causa, está en la primera posición, muy destacado de sus inmediatos seguidores, el gran Antonio García Ferreras. Digo esto por dos detalles, digamos sin importancia, con que ayer el periodista puso la guinda al pastel que con tanto esmero cocinó el inefable Xavier Sardà - otro talibán servil -, a saber: uno, que puso todo su empeño en silenciar la valoración final ante los medios de Albert Rivera, intentando sin éxito que se escuchasen las imbecilidades que tenía que decir Jorge Moragas (PP), el tiralevitas de don Mariano; y dos, que antes, durante y después del digamos debate a cuatro, la promesa de celebrar un "sondeo express" para ver quién había ganado el debate es una burla al espectador porque el ganador ya lo tenían decidido semanas atrás. Dejo para el final al talibanado podemita de las redes sociales que merece mención de honor y medalla al mérito por su inestimable labor en favor del amado líder, exceptuando a los "bots", que esos se limitan a cumplir con su programación. Una vez dicho esto, vayamos a analizar la realidad, que dibuja un escenario muy alejado de las ensoñaciones lúbricas de los correligionarios del líder coletudo.

En primer lugar, lo que ayer pudimos ver en televisión no fue un debate sino una sucesión de monólogos que de vez en cuando interrumpían los quejidos lastimeros de aquel de los candidatos que se sentía ultrajado por alguna crítica del ponente. Hay que tener en cuenta que las exigencias del PP para que su amado líder se dignara a encontrarse con la chusma determinaron no sólo el contenido y la metodología del digamos debate sino que también ordenaron el espacio y lugar que ocuparía cada candidato, evidentemente todo ello con la expresa y manifiesta intención de que todo le fuera favorable al barbado líder la derecha hispánica. Vayamos, pues, según el orden impuesto por el partido del Gobierno. Don Mariano consiguió dos cosas importantes: una, que el espectáculo fuese tan soporífero que la mayor parte de los espectadores se fueran a dormir antes de que acabase; y dos, que en la sucesión de monólogos primase entre los candidatos la intención más de exponer sus alternativas de Gobierno que de darle la estopa que merece. De esta manera, Mariano Rajoy, consiguió no salir peor de lo que entró, que en su caso es todo un éxito. El siguiente, Pedro Sánchez, en su línea, se ahogó en la justificación de una "pinza" PP-Podemos que le restó un tiempo valioso para que hubiera podido articular con mayor solvencia la alternativa política al Gobierno del PP. Con todo, al igual que hizo Jordi Sevilla en el debate económico, mostró la recuperación del ideario socialdemócrata por el PSOE, insistió con gran tino en los derechos laborales y la importancia capital de la negociación colectiva y se llevó de calle el minuto de oro, con una exposición emotiva y sincera que desgraciadamente pilló a la mayor parte de los televidentes amodorrados. Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, en mi opinión, les pido perdón a todos por contradecirles, fue el que más evolución mostró respecto al anterior debate a cuatro en la campaña fallida de las elecciones de 2015. El candidato de la formación naranja se mostró serio, agresivo y firme en sus convicciones, sin que le temblaran las piernas cuando denunció que Rajoy había cobrado en negro, tal como aparece en los "papeles de Bárcenas", ni cuando argumentó la financiación venezolana de Podemos y la enorme deuda con los bancos de su socio IU para desmontar la afirmación de Pablo Iglesias de que su opción política no tiene hipotecas bancarias porque se financia por sus medios. Flojeó en el minuto final, pero en mi humilde opinión si he de señalar un ganador fue éste. Finalmente, Pablo Iglesias, al que como saben ustedes no tengo en buena estima, adoptó un tono institucional como corresponde al que ya se ve investido Presidente del Gobierno, pero se perdió en una actitud que le es ajena y que le obliga a forzar el gesto, mostrándose visiblemente nervioso y gesticulando con violencia al ver cómo su línea argumental le conducía a un callejón sin salida. No resistió los envites de Albert Rivera ni supo cómo contrarrestar al tándem que formaron los candidatos de PSOE y Ciudadanos para culpabilizarle del fracaso de las negociaciones para formar Gobierno y de buscar romper la unidad de España. Al insistir tanto en la "tendida de mano" al PSOE para formar Gobierno se olvidó de que ya había tenido la oportunidad de echar al PP del poder y no la aprovechó porque primaron otras consideraciones, y de la misma manera no supo cómo compaginar su pretendida voluntad de garantizar la unidad de España con su intención de celebrar referéndums de autodeterminación en Catalunya, Euskadi y Galicia. En el minuto final tuvo un discurso plano y anodino.

En mi opinión, en este debate, por llamarlo de alguna manera, se pudo ver claramente la constitución de dos bloques: por un lado, el formado por PSOE y Ciudadanos, cuya estrategia fundamental consistió en dibujar una alternativa moderada a las propuestas en su opinión extremistas tanto por la derecha del PP como por la izquierda de Podemos; y por otro, el formado por PP y Podemos, que aunque no puede considerarse "pinza" como aseguran en el PSOE sí responde a una comunión de intereses y a la voluntad de reeditar el bipartidismo, lo que les lleva a obviarse en los ataques y a centrarse en combatir cada uno a su adversario natural. Creo que la cultura democrática en España tiene todavía mucho camino que recorrer y que los debates entre candidatos a la Presidencia del Gobierno deberían ser primero por parejas, todos contra todos, para concluir con un gran debate entre todos ellos. Hasta que llegue ese momento, seguiremos teniendo que sufrir estos "debates para besugos", adormidera de insomnes y lamentable espectáculo circense. Salud y República.

martes, 7 de junio de 2016

PATRIOTAS ACOMPLEJADOS

Vaya por delante que soy alérgico a las patrias, que me da prurito la bandera - sea la que sea, sí, también la republicana - y que me la suda por delante y por detrás, que diría Pepe Rubianes de seguir con vida, la nación de cada uno. Eso sí, tiene todo mi respeto quien considere esas mierdas como algo de vital importancia porque creo que cada uno debe poder cultivar en paz sus perversiones más íntimas siempre y cuando no impliquen daño a terceros si esos "terceros" no quieren sufrirlo o son menores de edad, claro está. Pero lo que me repatea los higadillos es esta piara de "patriotas acomplejados", esclavos de lo políticamente correcto y presos de la demoscopia, que elevan a patria cualquier boutade que se les ocurre: que si la patria es la gente; que si la patria es la Constitución; que si la patria es su puta madre en picardías ¡Los cojones, treinta y tres! La patria es una abstracción basada en la idea, errónea o no, de que una población en un territorio forma una unidad de destino en lo universal o una sugestiva propuesta de vida en común o cualquier otra mierda de similar enjundia. Sea como fuere, la existencia de la patria exige como mínimo voluntad manifiesta de pertenencia, es decir, que los individuos aludidos consideren sin lugar a dudas que tal ente existe y que ellos forman parte del mismo e incluso que junto al terruño forman parte de su esencia. Y ya pueden venirme cantamañanas con ínfulas, aspirantes a cosa devaluada, intentando venderme sus milongas sobre la cuadratura del círculo que no me trago sus patrañas ni comulgo con ruedas de molino. Para ustedes su patria, su bandera, su paisaje y paisanaje, así como toda la parafernalia patriotera que se les ocurra, eso a mí no me incumbe.

El papanatas éste de la coleta y su "pandi de la Complu", todos "megachachiguais de la muerte te lo juro por Snoopy y las bragas de Mafalda" han configurado un triste remedo de la "Gloriosa Revolusión Bolivariana de Benesuela y Sercanías" para implantar en lo que ustedes llaman jocosa e impunemente España la misma tontá que allende los mares. Este injustificable capricho se fundamenta en una premisa falsa, dicho sea de paso la misma que argumentaron los fascistas, nazis y franquistas a comienzos de la pasada centuria y que no es otra que la presunta "decadencia de la democracia liberal en Occidente" (Spengler sería de Podemos, pero como que hay Dios) Lo que ocurre es que en la Iberia Sumergida en sus rumores clandestinos ya nos conocemos el cuento de la patria, la raza, la puta unidad de destino en lo universal y toda la mierda que expandió el franquismo durante casi medio siglo, o sin casi. De ahí que "El Coleta de La Complu" se haya inventado la manera de invocar toda esa podredumbre ideológica sin que nos provoque el vómito compulsivo, mentando al "populus que hispaniorum" de manera que "el núcleo irradiador" pugne por la hegemonía con la seducción irresistible de los aliados laterales externos de costadillo, que son como las sirenas de Ulises, a base de abracitos, corazones de colores y fábricas del amor. Yo entiendo a los nostálgicos del franquismo - con quienes comparto enfermedad mental porque yo soy nostálgico de la Unión Soviética - y comprendo que se hayan dejado seducir por este moderno "Flautista de Hammelin", tal es su degeneración psicológica, pero ya me resulta más difícil de entender que a ustedes, que son personas relativamente sanas, se les haya ido tanto la pinza como a nosotros, los tarados, que a lo mejor nunca la hemos tenido, la pinza digo. La patria, amigos, lo diga Lenin, Hitler, Mussolinni, Franco, Perón, Maduro o la madre que los parió a todos, es lo mismo, una red para pescar merluzos. La patria sólo ha servido para una cosa: que los poderosos marquen terreno meando en las costuras, que son las fronteras, a fin de que el poderoso más cercano no tenga la tentación de mermarle el dominio y no hay más. Con la patria por bandera, nunca mejor dicho, los poderosos - no sólo en cuanto a poder político sino sobre todo en cuanto a escalafón social - han encontrado la herramienta más valiosa posible para tenernos a todos atados a su anillo de poder, un anillo para atraerlos a todos y gobernarlos bajo el yugo y las flechas. Claro que siempre hay algunos que les salimos rana pero somos minoría y lo sabes, que diría el filósofo.

Parece ser que "El niño La Coleta" y su cuadrilla de mamporreros felicísimos, más ñoños que los Teletubbies bañados en almíbar, van a ser los elegidos por ustedes, que parecían personas normales, para ejercer el Gobierno de este país, las Españas Imperiales. Esa es su perversión, créanme que lo entiendo, yo también soy un pervertido como ustedes, pero comprenderán que trasgreden con mucho la línea roja que les he marcado y que no es otra que las perversiones merecen todo el respeto siempre y cuando no perjudiquen a terceros que no quieren verse perjudicados. En este caso, su perversión afecta a terceros, nosotros, los tarados, que vale que no estamos bien de la azotea pero merecemos vivir como el que más. Así que, se lo ruego, mediten bien antes de hacerlo porque una vez hecho no podrán arrepentirse, no hay vuelta atrás. Sólo les pido que lo piensen detenidamente y si tras ello siguen creyendo que es lo mejor, "adelante con los faroles". Pero, reflexionen, se lo pido por Snoopy y las bragas de Mafalda. Abracitos amorosos, amiguitos.